16.6.20

Aquí sigue el silencio


Aquí sigue el silencio
la ausencia
el vacío
el invierno anidado en pleno verano
escaldados los labios
árida la voz.
Aquí sigue el desierto
sin palabras
con espinas entre mis dedos
punzan los recuerdos
restriegan tu memoria en mis sienes
intentan sobrevivir
aunque sangren al brotar en un verso
casi efímero
casi nulo
casi mudo.
Aquí sigue el silencio
imperante tras tu partida
se niega a dar fruto
y yo no insisto,
solo deseo dejarte ir

© Ruth Martínez Meraz

19.5.20

Muero



Muero lento cada día 
cae la noche y espero renacer en la aurora
encontrar la paz en el silencio de tu voz a mis oídos 
amar tu recuerdo 
sin reproches en el cielo
Muero cada día 
dejo de ser aquella que sonreía al contemplar tu mirada
suelo perderme cada vez 
en los momentos compartidos
en los sueños truncos
alentar mis latidos que desfallecen 
con el ritmo de tu nombre escrito en cada poro de mi piel
incrustado en las entrañas
de mis manos
en los bordes de mis labios
que anhelan tu sabor
muero sin el aroma de tus abrazos
sin la calidez de tu aliento 
perdida en mi regazo
Intento sobrevivir al temor del olvido
a tu ausencia en mis horas desequilibradas
el dolor circula por mi cuerpo
Muero y sobrevivo cada vez
atesoro los suspiros 
que me dejan amarte en la distancia
enmudezco cuando suena la melodía que trae tu rostro 
a mi resguardo
bebo tus besos a cuentagotas 
tan despacio 
que me aguanten y me inyecten vida
vida que dure hasta que se ponga el fin a mi existencia

©️ Ruth Martínez Meráz

12.5.20

Un respiro



«Te dije  que era inmenso Elías, aquí te puedes perder entre sus formas, quisiera mecerme entre ellas, o tal vez sólo sentir el algodón de su cuerpo contra mi piel». « ¡Estás loco Damasito!», contestaba Elías burlón. Aunque hermanos, eran tan distintos. « ¡Mira aquella!, parece un hombre de nieve en pleno verano, ¡Qué gusto, sin tener que pasar fríos! », parecía Damasito hablar solo. Elías seguía con la mirada fija. Era tan indiferente cuando se lo proponía. Casi caía la tarde, habían pasado aquel lunes de campo y en plena cuarentena en aquel lugar despejado, lejos del bullicioso, el fastidio del encierro. Saboreaban un rico elote. « ¿Por qué te gustan esas cosas Damasito? », dijo Elías señalando el cielo. «Yo no veo nada». Se recostaban otra vez en la hierba. «Te falta imaginación», contestó distraído Damasito; absorto dibujaba con sus dedos una imagen en el aire. Lizeth llegó para interrumpirlos. «Haber hermanitos, ya vayamos acercando sus bicis a la camioneta, dijo mamá que nos demos prisa, viene lluvia en camino». Elías de inmediato, tomó su bicicleta, decía que ya estaba cansado, sin dejar de reírse de Damasito, «¡Sigue bobo mirando el cielo! », reía.  Al otro ni le importaba. Lizeth regresó por él. «Ya deja de mirar, ¿ves cómo las nubes están cambiando de color?, pues nos va a alcanzar el agua, vente», lo jaloneó. «Son mágicas, ¿verdad Lizeth?», apuntaba con la vista mientras caminaban y su mamá ya se miraba desesperada. «Te parece? », dijo Lizeth sin aflojar el paso. «Si, lo son para mí. Me han regalado una tarde, imaginándome entre sus formas, me olvidé de los videojuegos, que ni entiendo a veces, nos protegieron del sol mientras jugábamos con las bicicletas, pude quitarme a Elías buen tiempo de encima, siempre está molestándome», sonreía. «Cierto, ¿cómo no lo había pensado así?, rió Lizeth, hasta me dejaron platicar a gusto con mamá». Ambos estallaron en una sonora carcajada. «¿Qué pasó? ¿De qué se ríen?», dijo Elías. Damasito iba apenas a explicarle, cuando sintió que Lizeth lo agarraba del brazo.  «¡No, ni lo va a entender!, deja que se tome su biberón». Elías ya se estaba dormitando en brazos de mamá; mientras, su papá silbaba contento.

© Ruth Martínez Meraz

8.5.20

Nocturno de un corazón


Escribo un verso
un verso que hable de nosotros.
Nosotros los desunidos
desunidos en un verso.


Te ato con mis palabras
en mis palabras desato mi rabia
la rabia que enseña
la rabia que en seña
del amor que no eras.

Que no eras amor de verdad.
En esta noche no eres ya mi luna
en esta noche no eres ya
lo que quise tener
lo que quise tenerte
lo que quise tenerte ayer.

Ayeres de mi memoria
ayer es de mi memoria
solo hoy olvido.
Olvido de los desunidos que antes eran uno,
uno que complementa otro corazón.
Corazón que antes era mío.


©️ Ruth Martínez Meraz

29.4.20

Rudy



Me llamo Rodolfo, apenas tengo seis años y no consigo leer como la mayoría de mis compañeros, me siento tonto, la maestra dice que no me preocupe, pero en casa mi papá siempre termina diciendo que cómo no soy como mi hermano Lalo, que él a mi edad ya hasta sabía escribir muy bien su nombre completo. Me da coraje. No se da cuenta que yo le echo muchas ganas. Si mi mami viviera, seguro me entendería. Veo cómo la mamá de Roxana mi vecina le habla con mucho amor, hasta conmigo es amorosa – o tal vez le doy lástima – porque cuando me ve sentado solo, en el escalón de la entrada de mi casa, siempre me saluda amable: “¡Hola Rudy!”, y hasta me ofrece algo de comer. Ella sabe que mi papá llega tarde de su trabajo, y nosotros, mientras lo esperamos, comemos algo frío que se halle en el refrigerador. Lalo tiene doce años, ni caso me hace. El otro día, se me encajó un pedacito de madera de la escoba, quería barrer las boronas de mi mazapán antes que papá llegara de trabajar y me regañara, “en la sala no se come”, siempre dice lo mismo. Hoy llegué contento de clases, mi maestra puso muchos sellitos de “buen trabajo” en mis cuadernos, alcancé a terminar todos los ejercicios, se los mostraré a papá, le dará mucho gusto. Esta vez papá llegó tarde, me imagino porque me quedé dormido. Desperté y todo está silencio, no tengo idea qué hora es. Voy a la cocina por un vaso de leche, mis tripas me gruñen. Papá me sorprende de regreso. Me asusto. Su cara se ve adormilada, se acerca a mí, me abraza. “Estoy muy orgulloso de ti”, dice mientras me carga. “Revisé tus cuadernos, has trabajado duro en la escuela”, sigue hablando. Me lleva a mi cama, me ayuda a cobijarme y me mira fijamente a los ojos, se le ven enrojecidos ya – será por el sueño - pienso. “Te pido perdón Rudy”. Hace mucho que no lo escuchaba decirme así, con cariño. “No debí compararte nunca con tu hermano”, continúa. “Tal vez no comprendas lo que te digo, pero tu mamá me sigue haciendo falta, nos sigue haciendo falta. Deseo ser el mejor padre para ti y Lalo”, se le corta la voz. Yo lo tomo de las manos, le digo que lo amo. Me ve pequeño, pero sé cómo le hace falta mi mamá, porque yo me siento igual. 



© Ruth Martínez Meraz

25.4.20

Sabotaje



Mis palabras se restriegan

contra sí mismas,

se acomodan contra mi voluntad

en una estrofa.

Sabotean mis pensamientos,

se rebelan,

acuñan un aguijón en mi pecho.

Me vacían el corazón.

Las palabras hoy conspiran entre mis manos,



altaneras, 


escriben un verso que habla de nosotros, 

los desunidos.

©️ Ruth Martínez Meraz

En la marquesina de tus palabras



Te vi regresar tras recorrer la calle, tropezar frente al teatro, fue mi anhelo cuando vi la marquesina. Quise regresar el calendario, descubrir de ti lo que aún faltaba por amarte. Caminé hacia aquel primer instante, me pareció escuchar tu voz, saborear el invierno al estrechar tu mano. Se agitaron mis latidos con solo leerte en un mensaje. Confirmé que el olvido no existe, cuando te marcan el corazón. Me había aferrado a dejarte a tu suerte en un poema, me obligué a guardar silencio, reducir tu nombre a un simple contacto en mi celular. Hoy te vi deambular por esta calle, contemplar desde lejos la puesta en escena de dos destinos inciertos, un hombre y una mujer, que se niegan el olvido.


©️ Ruth Martínez Meraz

24.3.20

El hombre de mil voces




Está atrapado entre mis sienes. 

Es el hombre de mil voces, 

lo atormento con mis pensamientos. 

Ruega por su libertad, 

lo siento temblar entre mis manos. 

Me susurra un verso. 

Le reclamo su ausencia en mi pecho 

su abandono deliberado 

- No hay excusas – 

Caigo en el letargo 

las palabras se desahucian, 

al amanecer, él  me sorprende,

inserta en mi corazón un poema. 

Me renuevo. 



© Ruth Martínez Meraz

9.3.20

Solo tú corazón

Poesía visual
©️Ruth Martínez Meráz

You make me feel brand new ❤️

https://youtu.be/VRxTtvh4ZvA

God bless you ❤️

6.1.20

No viviré


Mientras viva
no puedo callarme
no puedo cegar mi voz
y ahogar mis palabras en el silencio.
En tanto que voy de paso
siempre seré risas, llanto, gritos, canto
verso y prosa que aminore
la tristeza de quien busca consuelo.
No respiro dentro de una burbuja
me da escozor la violencia
sangran mis manos
el corazón se me llena de cicatrices
arañan mis ojos
la frialdad con que nos atacan
porque todos somos parte de otros
la vulnerabilidad nos une.
Mientras explotan mis pensamientos
se conjugan mis oraciones
lleno de compasión mi aljaba
piedad rezan mis rodillas
aquí el cielo aún no oscurece.
Pido mis palabras sobrevivan
a la tempestad en que ellos hoy se sumergen
mía no es la venganza, al divino le pertenece.
No me mantendré inmóvil
ni muda, impasible o indiferente
tras esta insolente guerra
ruego por tantos inocentes.

©️ Ruth Martínez

#pazparaelmundo

4.1.20

Atrapado


“…No sé de dónde nacen los poemas…”
De padres a hijos.
Iván Onia Valero






Llevo la constante de un silbido
que emerge de tus dedos
se apilan las palabras entre tus manos,
guardan silencio.


Colapsan las líneas del teléfono
se bifurcan en cien mil conversaciones
- ninguna nuestra –
enmudece el alfabeto en tus labios,
suspiro por un beso tuyo
que desborde poesía.

Te eriges como un holograma
frente a la pantalla que refleja mi rostro
- sonríes –
te guardo en una taza de café,
escribes un verso.

Eres el genio de la lámpara
mi fiel esclavo en este encierro
te abates en el cosmos
sin encarnarte en la luna.

Timbra el celular
las diez menos quince
decides añadir otro evento a nuestra historia.


© Ruth Martínez Meráz

Nos desbordamos en palabras



Escribir es un talento que desarrollamos con dedicación, esfuerzo y gusto por las letras; parte primordial de nuestra formación como escritores es leer. Adentrarse en el pensamiento de otros nos lleva a concebir nuestras historias. Fluye un verso en la sobremesa de una anécdota; se construye el poema a través de la imaginación que nos proporciona la observación de un hecho, la confesión de un amigo, el mismo vivir que nos incumbe. Parten relatos desde algún sueño, en el insomnio que nos obliga a desplegar unas líneas antes del alba. Adquirir el hábito de escribir es una disciplina que no cuesta tanto trabajo cuando estamos dispuestos a soltar la mano sobre el papel o teclear letra por letra en nuestros dispositivos electrónicos donde quiera que nos encontremos y en la situación más inesperada o menos convencional. Atrevernos como escritores a sortear los diversos géneros literarios que nos impongamos es más que un acto de valentía. Para mí significa ser intrépidos, forjar en ello el personaje singular que llevamos dentro, ese que coexiste en un segundo plano en nuestra realidad. Nadie puede cuestionar la manera cómo escribimos, somos únicos; si bien es cierto que escribimos para nosotros, también pasamos a ser parte de aquel que nos lee, mutamos en su existencia, trascendemos, lo cual es sin duda el mejor reconocimiento a nuestra entrega.

© Ruth Martínez Meráz