23.1.14

Laurens Hill

Cielo cerrado al tiempo
palabras a medias voces,
aromas extraños
sacuden los caminos.

Tierra estéril
con sabores amargos,
de acidez vistes tus aguas.
 

Nada extraordinario
acontece en Laurens Hill,
estancadas las horas,
atrapadas en la indiferencia
de quien la habita.

Un viento gélido se esparce
el tiempo se detiene,
sólo Jack permanece en aquel sueño
llamado Laurens Hill.


Ruth Martínez Meráz ***

10.1.14

Petra


Caminaba presurosa bajo la lluvia, deseando no sentir aquel miedo que le embargaba cada que comenzaba una semana más trabajando en aquella casa, Petra no tenía opción, al menos así lo creía ella, jamás había asistido a la escuela, a sus 14 años, con lo único que podía contar era con ser empleada doméstica de la casa de la Familia Robles y Terán, un acomodada familia en México, Distrito Federal, el Fraccionamiento? Ni idea tenía cómo se llamaba, había sido llevada junto con otras jóvenes por gente de su pueblo Jaltipan, Veracruz, con la promesa de encontrar un buen ingreso económico para beneficio de sus respectivas familias –lo cual no era así -. Un grito la sacó de en ensimismamiento ¡Cuidado chamaca, caerás en la alcantarilla!, ¿no vez que no tiene tapa?, la señal del hombre fue lo que la hizo entender, pues para su mal, aún no entendía del todo el español, sí, ella hablaba más Náhuatl.

Al fin llegó, tocó el timbre y el jardinero se apresuró a abrir la reja, “llegas tarde muchacha, Dios se apiade de tí”, Don Nico tenía años trabajando para Don Alfredo Robles, el señor de la casa, Don Nico siempre trataba de hacerle la vida amena a Petra, compadeciéndose no sólo de su inexperta juventud, sino del maltrato que recibía por la patrona Doña Isabela, una dama madura con rastros de haber sido una belleza en sus buenos tiempos, pero con un corazón más amargo que la hiel, pensaba Don Nico, “por eso la riqueza no lo da todo” “siempre habrá algo que nos falte en la vida”, en fin ese era tema de sobremesa con sus amigos de cantina.

Petra ya portaba su uniforme, un poco viejo, pero limpio, una voz se hizo sonar: “Petra! Petra!, mocosa irresponsable! ¿Qué te falta para servirme el desayuno?

Quería que le salieran alas, pronta preparó la mesa del comedor principal y fue hacia su donde estaba Doña Isabela, con voz tímida, casi a susurro le dijo Petra: “ya está listo Siñora”- Isabela con un ademán de fastidio le recalcó: “Señora, se dice señora” “Eres tan tonta!” …por cierto no voy a tolerar que se te haga tarde cada lunes eh!, así comienzan todas!, da gracias a Dios que mi esposo se apiadó de ti, por mí no te hubiera dado el trabajo, porque eres una inútil chiquilla cochambruda!, mira tu piel, parece que estás hecha de ceniza, llevas un mes aquí ya te hubieras puesto a aprender más español, qué desesperación contigo! Deberás que estás bajada a tamborazos! Anda, lárgate! Lárgate a hacer tus quehaceres!

Petra no entendía completamente del todo, pero si sentía las ofensas y el maltrato en las acciones y palabras de Doña Isabela, pero qué hacer? A dónde ir?, llorar cada noche era su pan de cada día.

Era viernes por fin, miraba el montón de ropa para planchar, le había asegurado Doña Isabela que una vez que terminara dicha tarea, le pagaría su semana y se podría retirar; camisas, pantalones del señor Robles, blusas, faldas de Doña Isabela, lo bueno que los hijos vivían fuera, pareciera una pila interminable de ropa, de vez en cuando iba a la cocina a tomar agua, Prudencia la cocinera le invitaba a que se sentara un rato a descansar, acabo la patrona estaba dormida, no se daría cuenta, Petra con gesto amable le contestó: “Gracias señora Prudencia, pero no quiero que de repente me halle sentada la patrona, ya ve que de floja no me baja, aunque me mate todo el día haciendo quehacer y lo que se le ocurra”, volvió al cuarto de lavandería donde estaba planchando, los ojos se le desorbitaron, la plancha había caído sobre una camisa que dejara en el burro de planchar!, “!Qué no esté quemada por favor!”, para su desgracia, sus ruegos no ayudaron, aunado a ello, Doña Isabela iba entrando en el cuarto con su paga, “!Cómo es posible!, No sabes hacer nada bien, y sin decir más le plantó una, dos, tres cachetadas!” – Petra estaba aterrada – Los gritos hicieron eco en la casa, Prudencia, ignorando las consecuencias, intervino: ¡Basta señora, no la golpee! Es una niña! -al momento que trataba de sujetarle los brazos -; “Tú no te metas Prudencia! ¡Está india tiene qué entender cómo debe ganarse su paga y el pan de esta casa!”; discúlpeme patrona –agregó Prudencia- pero Petra es una persona, además casi niña, Dios sabe cuál o cuántos infortunios ha pasado para llegar hasta aquí….”No me vengas con sermones Prudencia!, no quieras poner en riesgo tu trabajo también”, Prudencia guardó silencio al momento, era fin de semana, ella también saldría, sólo que el lunes próximo llegaría tarde a la casa de la Familia Robles y Terán, Don Nico, como siempre desde temprano en el jardín, fue quien le abrió la reja, y le dijo: “Tú llegando tarde Prudencia?, te ha pasado algo?, si se entera la patrona se va a enfurecer contigo…”, Prudencia en breves palabras lo puso al tanto de lo sucedido con Petra el fin de semana anterior, y que se obligó a callar después ante Doña Isabela, “ pero sabes?, le puse acción a mi silencio, fui temprano al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) a poner una denuncia de los hechos, no me importa jugarme mi trabajo, pero ver un ser humano indefenso como Petra, debe de importarnos a todos, no es posible tolerar personas como nuestra patrona, y menos ver que se ensañen con menores, cualquiera que sea su origen, así que prepárate Nico “va arder Troya”…..Fin ***


Ruth Martínez Meráz ***

9.1.14

Molestia


Hoy me estorba
el tiempo entre tú y yo,
la ropa que impide
el tacto de tu piel sobre la mía. 


Hoy me estorban
los recuerdos – te quiero aquí vivo –
las horas marchan a paso lento.


Hoy hice alto en el camino
- me fastidia la espera por tus besos –
aunque nada impide que te imagine….
-una mueca de sonrisa asoma en mi rostro-.


Ruth Martínez Meráz ***

4.1.14

Hastío


Y podré escribir
cuando mi alma se ha vaciado
de sueños y recuerdos
cuando la piel
ha dejado de vibrar?.

         Y podré escribir
cuando mudas se han vuelto las palabras
sin ímpetu, adormecidas
en lo blanco de una página?.

Asedio del invierno
que se prolonga,
hastío en el pensamiento
versos sin florecer.


Ruth Martínez Meráz ***

20.12.13

Tengo una adolescente en casa


         Tengo una adolescente en casa, a veces tan llena de ternura y otras parece un gato huraño, no tengo una fórmula de cómo educarla, dicen que los primeros 6 años de la vida de cualquier ser humano son básicos para su futuro, pero creo que además de ello, no es una regla; la he visto crecer día a día, descubrir sus cualidades, talentos y defectos, he tratado de nutrir su corazón con las palabras que considero necesarias en el momento, estar en sus alegrías, respetar sus misterios, consolarle en sus tristezas, compartir ese mundo que la tiene absorta, a veces aislada de mí, de sus hermanos, respetar sus ideas, encauzarla a lo que más le conviene. Me siento impotente cuando no comprendo sus enojos, cuando no puedo adivinar sus sentimientos, cuando guarda para sí aquello que le atribula, más siempre trato de estar ahí, pronta, a tenderle la mano; tengo una adolescente en casa, tarea difícil para cualquier padre, nuestros hijos son tan únicos, cada uno tan diferente e incomparable, que es preciso recurrir al consejo de los viejos, compartir las experiencias con nuestros iguales, buscar soluciones, y apoyarnos en Dios, como un soporte moral y emocional en esta etapa de la vida, porque vivimos esa adolescencia al unísono, somos parte y jueces a la vez, somos cómplices y verdugos. Tengo una adolescente en casa…y cada día sabe Dios que me esfuerzo en hacer el mejor papel, ser positiva y alentarla en cuanto emprende, ser el instrumento adecuado para colaborar con sus metas, suplir sus inmediatas necesidades y ser la luz roja aún cuando le cueste trabajo respetarla; dificultosa labor ser padre, experiencia tremenda que la vida nos lega, paso quieto en camino sinuoso, con la fé y esperanza de superar la edad por la que todos pasamos alguna vez, sólo que ahora nos toca recorrer el pasaje que en otra ocasión nuestros padres tomaron con nosotros, con el mismo miedo, con la misma intensidad de emociones, con las mismas expectativas de tener un adolescente a su cargo. Tengo una adolescente en casa, no me quejo, llena de calor y color mi vida, ilumina mi existencia y la vuelve vacía cuando enferma, cuando su sonrisa se borra, cuando su corazón sufre; atesoro los momentos, un día la veré de manera distinta, todos evolucionamos – mi corazón da un vuelco -, ya no será una adolescente jamás, ya no vivirá despreocupada como lo hace ahora, perderá parte de la inocencia que aún conserva, pero será un mejor ser humano, estoy segura, habrán valido la pena estas vivencias, entre felicitaciones, quejas y consejos, pero siempre llena de amor, no conseguí un instructivo para formarla, pero siempre mantuve la firme intención de hacerla una persona de bien. Me siento bendecida de tener una adolescente en casa, mi hija.

Ruth Martínez Meráz ***

3.12.13

Intervalos

Espacios huecos en la memoria
 - tiempos al vacío -

vestidos de invierno
- rastros de fuego -.

Cicatrices en la piel
huellas perennes
rehusadas a morir.


Soplo de vida
en el desahucio,
un alma casi extinta
con intervalos de cordura.

Ruth Martínez Meráz *** 


15.11.13

El sentido de las palabras

Qué rayos pasa con la palabra
que a expensas de mi pensamiento
se halla oculta,
se difumina, se enturbia.

Qué rayos pasa con la palabra
en mis entrañas se ahoga
refleja el furor de mis sentimientos
acallados en algún lugar del corazón.
 

Soflamera surge
sin razones propias,
cobra vida en un hilo de versos
buscando el sentido
de quien la descubre.

Qué rayos pasa con la palabra
escondida tras metáforas
abriéndose paso
a un eco perdido de la voz
de un ser que lucha por sobrevivir.


Ruth Martínez Meráz ***

6.11.13

Gritos en el silencio


Una mordaza
rodea las palabras,
sujeta firme cada línea
del verso que se construye.
 

Expele veneno
que carcome la libertad
del pensamiento - desfiguros inevitables -.

Tiempos difíciles asoman
- ídem del pasado -
veda de la expresión
ahogo de voces - gritos en el silencio -.


Ruth Martínez Meráz ***

5.9.13

Recreo bajo la lluvia de una penitente

Aquí estoy en un espacio del tiempo, tomando un recreo bajo la lluvia de temporada, al son de los truenos y la música de Billy Joel que me acompaña, retomando la lectura de "Ulises Criollo" de Don José Vasconcelos, quien me mantiene atrapada con sus vivencias; sin embargo, opto por dejarlo un momento, me apetece -como si fuera alimento, y lo es, para el espíritu- leer un poco de poesía, husmeo en una pila de libros y me encuentro con "Claustros Vedados al Penitente" de mi distinguido amigo, el poeta Ramiro Rodríguez, una edición del año 2000; cual debe de ser, me aventuro desde la presentación, soy una simple lectora, carezco de la suficiente experiencia en cuanto al tema, sin que por ello, pueda dar mi humilde opinión al respecto, y con todo el respeto que dicha compilación amerita, voy engulléndome de cada verso, desde "No soy Abel ni Caín", paso al nombrado "Y cómo me llamo?", me sumerjo en "Claustros Vedados al Penitente", me uno al sentimiento de "Profanos Lodos", siguiendo con la Escena XV, del Acto Tercero de "La mentira piadosa de Don García" -lo admito, me sentí "Lucrecia" por un instante-, terminando por disfrutar los Romances que se enumeran del I al VI, quedándome para sí con el número II titulado "Romance de cada tarde" dedicado a D. Pablo Juárez A., del cual me permito transcribir en lo conducente:-
 "...Extráñame cada tarde 
más no te olvides de mí
porque el olvido es tremendo
cuando anhelas existir,
porque la noche es angustia
cuando un octubre infeliz
descansa sobre mis manos
para llevarme de aquí.- ..."
No cabe duda que he disfrutado este recreo bajo la lluvia, como una tromba de palabras enunciadas en dulces rimas y prosas, descubriendo un estilo inigualable y peculiar de su autor, entre cauces de sentimientos que arrebatan el alma cuando uno no es indiferente al pensamiento escrito y se abre a inimaginables horizontes que sacian los huecos de la avidez del conocimiento.

Ruth Martínez Meráz ***