20.8.14

Diez veces insomnio


He pasado por la casa
endurece mi pecho
flores marchitas
el amor escapó.

Recorro las calles
ahogando el llanto
escucho canciones
incrustan mis pensamientos.

Vencido el corazón
a lo lejos, eco de mil palabras
pierden significado
no supiste luchar.

Pasé despacio
tu coche, su coche
como antes, el mismo lugar
todo igual.

Diez veces insomnio
a su merced vulnerable
mil cigarros hechos cenizas
frases retumbando
en la locura de mi mente.

Aparté de mi lado
lo que más he amado
ayer, hoy, por siempre
esfumé de mi voz su nombre
ahora tatuado en mi piel.

Le dije adiós
al final de tantas batallas
condenada a su olvido
escribo sin poder dormir.

Diez, once, doce,
las veces que sean,
el insomnio retiene tu rostro
tu voz, tu aliento, tu piel,
ahora lejana.

Mis ojos, no volverán a brillar.

 
Ruth Martínez Meráz ***

19.8.14

Falso



Con mitad de mí

vuelves ahí donde siempre

estío falso.



Ruth Martínez Meráz ***

Chicago - Peter Cetera (Recuerdos)

Amor



Calor de mi piel

humedad sin tu cuerpo


extrañas tu sol?


Ruth Martínez Meráz ***

18.8.14

Haiku


Muero de noche

cada verano sin tí

siempre es igual.



Ruth Martínez Meráz ***

22.7.14

Tesoro del Corazón


Hogar, entrañable hogar, donde he visto a mis hijos crecer,
retumban sus gritos y silencios,
hacen eco sus lágrimas, risas, enojos.

Hogar dulce hogar
donde nació la primera ilusión
difícil adolescencia transmutación de madurez.

Tiene rastros del ser materno
raíces paternas,
arrebatos de aventura
fábulas de abuelos.

Historia de amores
incrustada en las paredes
desvelos al alba
sueños escapados por las ventanas.

Voz de mi madre
prolongada, imperativa – ahora agotada –
consejos perennes
imágenes de una generación, noble cuna.

Hogar, confort del recién nacido
cobijo del sol, abrigo de invierno,
aromas, recuerdos impregnados conjugados en la estancia.

Llovizna de ternura
caminos que bifurcan los destinos,
memorias grabadas en fotografías
los ausentes permanecen vivos.

Hogar, dulce hogar,
donde he visto a mis hijos crecer
heredad divina, gozo de mi ocaso
fruto invaluable hecho carne.

Ruth Martínez Meráz ***

10.7.14

Noches bohemias


Mateo era un vago como unos tantos, solía escaparse de casa durante el día a pesar de la bienvenida de regaños que a su regreso le propagaba su huraña madre a quien todos decían Katita de cariño; a su ver, Mateo pensaba que el nombre no le venía a su madre, “Katita”, demasiado meloso – sonreía con sarcasmo-. A Mateo le encantaban las noches bohemias, se perdía en los callejones solo o compañado, tarareaba al son de las trovas que amenizaban esos momentos de ensueño; recargado sobre un muro, sentado sobre alguna barda, qué más daba!, hechizado por el fuego en vigilias de invierno, los aromas alcanzados por las chimeneas cercanas de las cafeterías, sólo deseaba una cosa: escuchar el recitar de aquel hombre que puntualmente recorría a las 11:00 pm, por aquella calle paralela al callejón número 4, donde todos los jueves ansioso esperaba él, el sonido grave que reproducía poemas de Bécquer y otras de Benedetti: cómo podría un vago como él tener gusto por el arte? - se cuestionaba Segismundo –  quien observaba cada jueves la escena por la ventana de la casa de los señores Garza de la O que daba al mismo callejón; Segismundo era tenido por un viejo sabio, cascarrabias, pero muy sabio; quien había venido curioseando desde hace tiempo la actitud de Mateo, pues era a su parecer Mateo, la viva imagen de un holgazán y bueno para nada, o es que acaso se habría vuelto un prejuicioso? – reflexionaba para sí -. Mateo por su parte, ni por enterado se daba de los mil y uno cuestionamientos de Segismundo, él cuando no estaba los jueves por la noche en el callejón número 4 para esperar aquél bohemio poeta, recorría las calles de su ciudad solo o acompañado en busca de aventuras propias de la edad, o no tan propias como decía su madre Katita, pues si la hubiera oído Segismundo, éste habría confirmado sus sospechas: Mateo era un holgazán; pero qué se podía esperar Katita, por más castigos que le imponía al rebelde Mateo, éste terminaba siempre en la calle vagueando, solo o acompañado; llegó el jueves tan esperado como siempre por Mateo, quien ya se encontraba sentado en la barda del callejón número 4, era en punto de las 11:00 pm, la grave voz del bohemio no se hacía escuchar, las 12:00 pm., la 1:00 am, Mateo se entretenía viendo las estrellas, descubriendo formas entre ellas, imaginando cómo sería pisar la luna…de pronto, vio al hombre de la voz grave, sólo que esta vez, venía con paso zigzagueante y callado, muy callado; y su recitar, y los poemas? Se dañaría la garganta? – Impaciente Mateo trataba de abordarlo -, el hombre viendo la intención de Mateo, meneó la mano de forma amenazante, al momento que exclamó “Pinche gato, déjame caminar!”; del otro lado del callejón por la ventana de siempre, Segismundo el búho, inmutable observaba.

Ruth Martínez Meráz ***

5.7.14

Recuento

Vos perdiste
 - mi voz, la presencia -
emigraron charlas
- noches de desvelo -
Me vacié de tus palabras
- ecos sin repliques -
asonancia extraña.

 Yo perdí
 - tu voz, los pensamientos -
veladas de queso y vino
- disertación a conciencia -
te exiliaste de mis versos
eterna pugna.

Perdimos
el coloquio profano
- sarcasmos incluidos -
idilio eterno 
entre el bien y mal
hoy posado en tu mirada.

Ruth Martínez Meráz ***

2.7.14

Metástasis


Estela de caricias
sobre un cuerpo extraño
- ajeno en noches furtivas -
mies de orgasmos
plenitud, humedad,
pasión que se desborda.

Trino de sensaciones
ternura, amor, lujuria
olvidos al alba

besos sin despedidas.

Metástasis del sexo
de la piel al corazón
- sin razonamientos -
aromas que se agotan
en la memoria.

Ruth Martínez Meráz ***